MESA DEBATE " ASESINADAS EN NOMBRE DEL AMOR" (FERIA DEL LIBRO, BUENOS
AIRES)
FEMICIDIO
En
la Cámara de Diputados de la Nación se acaba de dar media sanción
al
proyecto de incorporar al código penal la figura de “femicidio”,
como
efecto de la visibilidad de los crímenes de mujeres que forma
parte
de la estrategia de incidencia política del feminismo. Para que
fuera
posible mirar los asesinatos de mujeres de esta manera, hizo
falta
dejar de naturalizar la violencia en las relaciones
interpersonales
como exceso pasional, y a la vez dejar de ver estos
casos
como crímenes individuales y percibir el patrón colectivo que
los
posibilita.
Cuando
el psicoanálisis tradicional aplica a las mujeres que sufren
violencia
la caracterización de “masoquistas”, las hacen
corresponsables
como víctimas, poniendo énfasis en el vínculo como si
fuera
patológico e involucrara a una pareja que se vuelve así
“anormal”.
Pero la crítica feminista precisamente va a poner el
foco
en
las estructuras de dominio y de poder que hacen de toda mujer, por
su
mera condición de mujer, un sujeto vulnerable a la violencia como
reaseguro
de la posesión y el sometimiento.
Las
acciones de violencia sobre una mujer pueden llevar a esa mujer a
la
muerte; pero las palabras para describir esa violencia nos ponen
enpeligro
a todas. El propio hecho de comunicar los episodios de
violencia
extrema y los femicidios en los medios masivos de
comunicación
tienen efectos paradojales. Ante las noticias difundidas,
muchas
mujeres relatan que sufren amenazas de que les va a pasar lo
mismo
si no son dóciles, o se minimizan sus quejas porque la violencia
que
sufren no es comparable a la que toma estado publico, o los
victimarios
imitan como por contagio los mecanismos violentos. Este es
el
caso, a partir del resonante episodio del baterista de
“Callejeros”,
con la difusión de varones que prenden fuego a las
mujeres,
episodios que se agudizan multiplicándose cuando son
difundidos.
Imaginemos el efecto si además estos crímenes permanecen
impunes.
Su difusión, lejos de darle recursos de advertencia a las
posibles
víctimas, refuerzan la posición del victimario.
Sin
embargo, el avance en las políticas públicas contra la violencia,
la
aceptación del Estado del papel que le cabe en garantizar la
integridad
de las mujeres como condición de su ciudadanía, comenzó
precisamente
con un femicidio de gran repercusión: el asesinato de
Alicia
Muñiz por parte de Carlos Monzón. El reconocimiento público de
las
figuras involucradas le dio una trascendencia al hecho que pronto
pasó
a ser debate sobre la violencia doméstica.
Recién
a partir de este caso comenzaron a crearse áreas de atención, y
a
apoyarse a las organizaciones de mujeres que venían luchando contra
este
flagelo a través de grupos de autoayuda pero sin recursos
estatales
como dispositivos de salud y de refugio. Mar del Plata, el
lugar
donde había ocurrido este hecho, fue escenario también de otro
escalofriante
episodio femicida: el asesinato de prostitutas que se
atribuyó
a un inexistente “loco de la ruta”, pero que luego de una
cuidadosa
investigación llevada adelante por un juez local, reveló la
trama
de corrupción policial, judicial y política en la explotación de
la
prostitución.
¿Podríamos
llamar a estos episodios “femicidio”? Curiosamente,
entre
los
agravantes que acaban de votar los diputados y diputadas, figura
el
odio racial o la homofobia, pero la condición de prostitución
ytrata
de personas no figura. Evidentemente es costoso pensar la
prostitución
como una forma de violencia, por eso el aliento oficial a
quienes
hablan de “trabajo sexual”, ya que de esta forma el
prostituyente,
por efecto de un eufemismo, se transforma en “cliente”,
y
el dinero de la transacción elimina el gesto violento de transformar
un
cuerpo en mercancía.