La cenicienta que no quería comer perdices!

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miércoles, 10 de octubre de 2012

Y a mí, ¿quién me cuida?

El 75 por ciento del cuidado infantil en la ciudad de Buenos Aires está a cargo de mujeres y sólo un cuarto en manos de varones. La desigualdad a la hora de cuidar a niños, niñas y adultos mayores es evidente en la tarea todavía más invisibilizada del trabajo femenino: cambiar pañales, ver carpetas, bañar, alimentar y un etcétera que no termina más. Las investigadoras Eleonor Faur, Valeria Esquivel y Elizabeth Jelin realizaron una tarea en donde se visibilizan las dificultades de los sectores populares y medios para trabajar y llevar adelante la crianza de sus hijos e hijas.
   

 Por Luciana Peker
Una mujer le cambia los pañales a un bebé: cuida que no se caiga, que no se desparrame el enchastre, que el bebé se incomode por el menor tiempo posible, que la cola no se irrite, que se entretenga con un juego mientras se lo limpia, que el pañal y el óleo calcáreo estén cerca para no tener que estirar una mano lejos y sostener al bebé con la otra mano) uf, eso es parte de cambiar a un bebé. Un varón abraza y cambia a su hijo en medio de una tarde de verano (eso implica sacar y poner las zapatillas, llevar un bolso con ropa extra por si se moja o se ensucia, lograr que el niño se quede quieto y conseguir la misión prometida). Una mujer mira a su hijo bañar (lo observa para que no se levante, lo convence de enjabonarse, lavarse el pelo y, mucho peor, dejarse sacar el shampoo estirando la cabeza para atrás con tal de que no le caiga ni una gota picante en los ojos, lo entretiene con una timba de juguetes acuáticos y ya tiene preparado el cepillo para peinarlo y el chupete para calmarlo). Una mujer le da un yogurt a un bebé (pero antes le puso el babero, una tarea que puede irradiar una ola de llanto o implicar un simple nudo) y lo montó sobre una sillita llena de juguetes para que en el tiempo que transcurre de la heladera a la cuchara y de la cuchara al avioncito el bebé esté siempre entretenido con botones para tocar y colores para mirar. Una mujer mayor apoya sus manos en la bacha para que una nena se lave las manos (una frase que se puede decir una o diez veces, o que puede ser un simple goteo si no se relojea que realmente el jabón pase por las manos). Una mujer le lava los dientes a la niña (es maestra jardinera por el guardapolvo pero entre sus misiones está hacerle abrir la boca grande y aunque quiera cerrarla lograr cepillar cada muela y cada diente, tal vez por eso su mano está tan firme sobre la cabeza de la nena). Una chica pasa el peine (mientras la nena que pone el pelo pone también cara de tortura china mientras frunce todos los músculos de su cara), pero ella no se amedrenta ante nudos ni rabietas hasta que el cepillo pase como si nada.
Estas son algunas de las imágenes cotidianas que tomó el fotógrafo e investigador Matías Bruno en su ensayo fotográfico “Coreografías del cuidado”, que forma parte del libro Las lógicas del cuidado infantil entre las familias, el Estado y el mercado, que editaron Valeria Esquivel, Eleonor Faur y Elizabeth Jelin. La publicación contó con el apoyo del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES); el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). En la Ciudad de Buenos Aires sólo un cuarto del cuidado infantil está a cargo de los varones, mientras que el 75 por ciento de esas infinitas tareas cotidianas les corresponde a las mujeres. Y, a pesar de que la mayoría (65 por ciento) trabaja afuera, también gran parte (60 por ciento) trabaja adentro del hogar. En total, ellas le dedican entre tres y cinco horas exclusivas al cuidado de los hijos/as, y los varones entre una y dos.
Las diferencias son claras. En Clarín porteño, por ejemplo, el año pasado se publicó, en la sección “Definición”: “Tareas domésticas: lo que hace una mujer y nadie lo nota, pero si deja de hacerlo, todo el mundo lo advierte enseguida”. El planteo que no se advierte es por qué las tareas domésticas –esas que se borran tan rápido como un plato lavado vuelve a ensuciarse– tienen que estar en la esponja de una dama.
De hecho, cinco de cada diez argentinos/as todavía creen que el rol más importante de la mujer es, “por su naturaleza”, cuidar de su hogar y dedicarse a la crianza de los hijos, según una nota de Mariana Carbajal publicada en Página/12 el 27 de marzo del 2012, con datos de una encuesta nacional de la consultora Ibarómetro, en donde seis de cada diez entrevistados/as reconoce un ambiente machista en la Argentina. Y por casa, ¿cómo andamos? “En el 50 por ciento de los encuestados/as, el esquema más adecuado es aquel en el que el hombre y la mujer trabajan lo mismo y los dos se ocupan por igual del hogar y los hijos. La mitad restante se inclina por alternativas más asimétricas: casi un 32 por ciento elige que “la mujer trabaje menos y se ocupe más del hogar y de los hijos”, y un 16,5 por ciento prefiere el modelo “más tradicional”, donde sólo el hombre trabaja y la mujer se encarga completamente de las tareas domésticas y los hijos”, señala Carbajal.
Sin embargo, el debate sobre el cuidado y el uso del tiempo en la crianza y las tareas hogareñas está invisibilizado en la sociedad. Y pareciera que esas largas horas que se pasan mientras el peine fino se traba o el bebé se despierta de noche o hay que llevar una torta a la feria del plato de la escuela o recoger la plata para el Día del Maestro/a se evaporaran como si todo ese esfuerzo no existiera. Por eso, esta investigación es una forma de instalar, al menos, el debate en el marco público. “Las lógicas del cuidado responden a patrones sociales y culturales de relaciones entre géneros y clases sociales. En primera instancia, es en el ámbito del hogar en el cual se organizan y definen las responsabilidades del cuidado de sus miembros. Pero el cuidado no sólo se provee en el ámbito familiar”, resalta el libro de las autoras Valeria Esquivel, doctora en Economía e investigadora de la Universidad de General Sarmiento; Eleonor Faur, licenciada en Sociología y oficial de Enlace del Fondo de Población de Naciones Unidas en la Argentina (Unfpa) y Elizabeth Jelin, investigadora superior del Conicet con sede en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES).

¿Cuáles son las principales conclusiones de la investigación?

Valeria Esquivel: Hay un discurso en los países centrales en donde no importa el tiempo sino la calidad de ese cuidado, y termina achacándole mala calidad a los sectores populares. Ni tanto ni tampoco. Con más recursos en las familias hay más posibilidades de externalizar del hogar algunos de estos cuidados del hogar. No es todo o nada. No es que si cuidan no trabajan y si trabajan no cuidan. Además el cuidado es trabajo no remunerado. Pero se ve en los datos que hay menos posibilidades de externalizar algo de este cuidado y de llevarlo a la esfera pública o tomar sustitutos en algunos de estos cuidados en los sectores de menores recursos, y más posibilidades en los sectores de mayores recursos porque hay una trabajadora doméstica o porque pueden externalizar en el momento en que padres y madres están en el mercado de trabajo. Es interesante que en la Ciudad de Buenos Aires las madres participen del mercado de trabajo mucho más que en el promedio del país. Pero a las 16.30 las madres que trabajan paran de trabajar remuneradamente (que coincide con el tiempo del colegio), mientras que los padres paran alrededor de las 20 y esto implica que los ingresos o la carrera profesional de las mujeres se tiene que hacer compatible con eso.

Ahora hay una idea de que los padres son mucho más participativos. ¿Es real?

Esquivel: El dato es que el 20 por ciento de los padres que cuidan tienen mucha participación y poco tiempo cada vez que participan. El 70 por ciento de los padres de niños y niñas entre 0 y 18 cuidan en algún momento del día, pero poquito.

¿Qué pasa en los sectores populares?

Eleonor Faur: Profundizamos la encuesta de uso de tiempo con entrevistas enfocadas en los sectores populares e intentamos acercarnos más a la vida de las mujeres. Recorrimos dos barrios: La Boca, uno de los más pobres de la Ciudad de Buenos Aires, y otro de San Miguel del conurbano bonaerense. Son barrios populares, pero diferentes. Encontramos 31 mujeres y un hombre a cargo de sus niños. Encontramos que las formas en las que organizan el cuidado las mujeres se relacionan con las posibilidades que encuentran en el mercado de trabajo, los servicios de cuidado de sus barrios, la estructura familiar que tienen. Por ejemplo, una jefa de hogar con niños es muy raro que sea una madre de tiempo completo. Tienen que encontrar estrategias alternativas para el cuidado de los niños que no son sencillas de conseguir. Lo que más hay son jardines de infantes y después hay –menos– centros de desarrollo infantil, y prácticamente no hay otro tipo de servicios. En algunos barrios hay jardines comunitarios.

Las mujeres piden más jardines maternales...

Faur: Es una demanda social muy importante que se expresó masivamente en las mujeres de La Boca. Aquellas mujeres que deciden mandar al jardín a sus hijos en edades tempranas hacen un recorrido largo, tedioso y a veces infructuoso.

Sin embargo, no está en la agenda pública a pesar del nivel de dramatismo que tiene para las mujeres no encontrar jardines maternales...

Elizabeth Jelin: Porque está tan interiorizada la idea de que la que cuida es la madre que hay poca organización barrial reclamando. No se juntan diez madres para ir a protestar pidiendo un jardín maternal. Se piensa que cada madre está al cuidado de su hijo. La otra cuestión ideológica y cultural es que si se deja el hijo al cuidado de otra no es tan buena madre. Cuidar a sus hijos es, también, darles de comer. Hay una tensión entre los recursos que se necesitan para darle a ese chico. La madre se levanta a las cuatro de la mañana para conseguir vacante pero no se encuentran acciones colectivas. Se sigue pensando que es una responsabilidad materna.
Faur: Sí encontramos alguna mujer que recurría al sistema judicial, pero no para conseguir vacante sino para conseguir un certificado de violencia familiar para que le den una vacante en la escuela donde estaba, en lugar ocho o diez antes de conseguir ese certificado. Tienen que tener ciertas condiciones para conseguir esa vacante. De todas maneras, en la Ciudad de Buenos Aires se ha posicionado el tema por una organización no gubernamental que ha recurrido a la Justicia pero no como una demanda de mujeres.
Esquivel: Hay un sector social que está resolviendo su cuidado de manera privada, entonces no lo transforma en demanda porque pueden pagar la oferta privada o la empleada doméstica.

¿Ahí está la diferencia de clases?

Faur: Si una pensara en un abanico de alternativas para distintas mujeres y a qué instituciones recurren en el cuidado de los hijos se da cuenta de cuánto recurren a sus familias, cuánto pueden externalizarse en servicios estatales o públicos y gratuitos o cuánto puede privatizarse. Las mujeres más pobres familiarizan el cuidado en una altísima proporción; otras mujeres luchan por conseguir una vacante en el jardín público y las mujeres que lo pueden pagar –con mejores posibilidades en el mercado de trabajo– pagan por servicio doméstico o por jardines de infantes privados o superponiendo las dos estrategias. Las diferencias sociales son muy amplias. El cuidado infantil es un vector de la desigualdad social y de género muy significativo y que está invisibilizado, porque se supone que lo hacemos las mamás y punto.

¿Qué pasa cuando el cuidado recae en las niñas en su rol de hermanas mayores?

Jelin: Esta feminización del cuidado se da, a veces, cuando la urgencia es grande para que la mamá salga a trabajar y que se perjudiquen las posibilidades de las nenas que se hacen cargo de las labores domésticas o cuidan a los hermanitos. Lavar el baño, hacer las compras o preparar la comida son formas de cuidado indirecto. Yo he encontrado nenas de 8 años cocinando en cocinas a kerosén en un lugar cerrado.
Faur: En la investigación un papá refiere que deja a los dos menores con la mayor, que tiene seis años, y dice: “Es como una mamá, ¡es divina!”. Hay situaciones apremiantes. Es importante no caer en la culpabilización de los padres. Este papá que está buscando no logra acceder a su vacante, a veces los deja mirados por una vecina (porque como no le puede pagar no le puede pedir un cuidado permanente), va a comedores y ahí aparece el cuidado de niñas a sus hermanitos como una situación de emergencia. Es una realidad dura para las niñas.
Jelin: Es probable que esta nena falte más a la escuela que otras nenas de seis años y que esto le afecte sus oportunidades y sus capacidades educativas.
Faur: Una pone la lupa en el cuidado atravesándolo desde un enfoque de género y cómo se confina, a veces, a las mujeres a cierta tarea y dificulta niveles de autonomía mayores. Pero no todas las mujeres tenemos las mismas posibilidades. El cuidado aparece como una categoría de desigualdad social muy potente.

En la clase media se vive cada vez menos en grandes familias y hay más mujeres solas...

Jelin: Sabemos que los hogares son cada vez más chicos. Hay muchas profesionales divorciadas con hijos chicos y nos las arreglamos con recursos económicos para pagar cuidados. Mientras que las abuelitas de clase media están haciendo una cantidad de cuidado, no necesariamente por necesidad económica sino porque les gusta y porque también hay una idea de calidad de cuidado. Hay abuelitas que –aunque no convivan– igual cuidan, y está la posibilidad de pagar jardines de infantes y de tener personal doméstico. En los sectores medios la dependencia de la provisión de servicios públicos es menor que en los sectores populares.

¿Por qué el cuidado sigue recayendo tanto en las mujeres?

Esquivel: El 12 por ciento de todo el cuidado es provisto por mujeres que no viven en el hogar –familiares, tías–. No sabemos cuánto es el cuidado provisto por instituciones o trabajadoras domésticas. Pero del cuidado no remunerado se ocupan mujeres que a su vez pierden la chance de conseguir trabajos remunerados. El cuidado es una dimensión para leer las diferencias sociales, pero además las sobreimprime y las refuerza.

¿El poco tiempo de cuidado de los padres cambiaría si cambia la licencia por paternidad, que hoy no llega a un fin de semana largo?

Faur: Simbólicamente es importante incrementar la licencia por paternidad. Es anacrónico que los varones tengan dos días en el sector privado. En distintos sectores de ocupación del empleo tienen distintas licencias, por ejemplo, en el Estado suelen tener más plazo. De todas maneras, las licencias por paternidad sólo cubren el sector formal de la economía. Es una población limitada la que tiene acceso a las licencias. Igual, aunque se aumenten en cinco días no hace a un cambio real en la disponibilidad del papá en poder atender a los niños. Son cambios necesarios porque hacen justicia, pero después hay otras tramas para seguir avanzando para que los varones participen más de la crianza de los hijos.
Jelin: Las licencias son para el momento del nacimiento. Pero al nene hay que cuidarlo muchos años. Y el tema es todo el resto del tiempo y no solamente el comienzo. Ahí las condiciones del mercado de trabajo son fundamentales. Es necesario disminuir las jornadas laborales, que son muy extensas. El tema del cuidado apunta a transformaciones del mercado de trabajo. A las trabajadoras en shoppings les tocan los turnos en beneficio de las empresas, no cuando les viene bien a ellas, que tienen que cuidar a los hijos. Pero la organización del cuidado y el mercado laboral no está para nada en la agenda pública. Tampoco en la demandas sindicales.
Esquivel: El mercado de trabajo funciona como si ni madres ni padres tuvieran responsabilidades de cuidado. El esfuerzo de cubrirlas queda del lado de las madres. Pero se necesitan horarios menos extensos y un mercado de trabajo que reconozca que madres y padres tienen responsabilidades de cuidado porque si no, de nuevo, enfatizás los horarios reducidos para las madres y se vuelve simbólicamente a decir que el cuidado es responsabilidad de las madres, y no es así.

Un trabajo además del trabajo

  • Doble trabajo: 65 por ciento de las mujeres porteñas trabajan, pero el cuidado de niños, niñas y adolescentes está a su cargo
  • Un tema de mujeres: En la Ciudad de Buenos Aires, el 75 por ciento del total del cuidado infantil es provisto por mujeres y sólo el 25 por ciento por varones.
  • A destiempo: Los padres dedican al cuidado infantil un promedio de casi una hora y media por día, mientras que en el caso de las madres ese tiempo se ubica por encima de las tres horas y sube a cinco si en el hogar hay niños o niñas de edad preescolar, y en el caso de los varones a dos horas si sus hijos son menores de tres años.
  • Otra ocupación: Las madres y padres no ocupados dedican en promedio un tiempo similar al cuidado infantil (un poco más de cuatro horas diarias).
  • Adolecen de tiempo: En el caso de los adolescentes los padres les dedican solamente once minutos y las madres media hora.
Fuente: Distribución del tiempo de cuidado de niños y niñas en hogares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el capítulo de Valeria Esquivel de Las lógicas del cuidado infantil entre las familias, el Estado y el mercado.

¿Quiénes cuidan?

  • 60 por ciento: madres
  • 20 por ciento: padres
  • 12 por ciento: mujeres no residentes en el hogar
  • 4 por ciento: otras mujeres del hogar
  • 3 por ciento: varones no residentes en el hogar
  • 1 por ciento: otros varones del hogar
 

      
 
 


            

sábado, 21 de julio de 2012

UNA DE CADA TRES HOGARES ESTÁ SOSTENIDO POR UNA MUJER

Una de cada tres familias neuquinas está sostenida por una mujer. Así surge del último censo, que además revela su crecimiento relativo en la provincia: en 2001, sólo el 27% de los hogares tenían una jefa de hogar, mientras que hoy alcanzan el 34%.

Más allá de los porcentajes, se trata de casi 60 mil mujeres que todos los días deben trabajar para mantener sus hogares. De ellas, 40 mil no están en pareja, mientras que el resto sí convive con otra persona.
Según la fotografía que otorga la estadística, la mayoría tiene entre 25 y 64 años y tiene hijos a su cuidado. Aunque el censo no lo diga, las mujeres suelen más vulnerables que los hombres al empleo en negro y se ven claramente desfavorecidas en cuanto al salario. Su tasa de actividad, según el INDEC, es más baja que la de los hombres, ya que muchas de ellas quedan recluidas al hogar por el imperio de una cultura machista. Aunque esa tendencia de familia patriarcal parece estar dando paso a otro tipo de esquemas.

Cambios


“La sociedad contemporánea está viviendo importantes cambios económicos, sociales y culturales que se manifiestan en la familia”, explica el economista de la UNCo Humberto Zambon. “El antiguo prototipo de familia nuclear, propio de una sociedad patriarcal, con el hombre aportando económicamente con su trabajo fuera del hogar mientras la mujer desarrollaba su actividad dentro -realizando los quehaceres domésticos y la crianza de hijos- ha dado lugar a otro prototipo, resultado del avance en la igualdad de los sexos, donde ambos contribuyen económicamente en el sostenimiento familiar y en la realización de las tareas propias del hogar, incluyendo la relación y la responsabilidad con los hijos”, explica el especialista. “Simultáneamente, también ha crecido el número de familias monoparentales”, asegura a E&E, a través de una consulta vía correo electrónico.
Esta última puede ser una de las claves de la emergencia de la mujer como cabeza de familia, ya que la gran mayoría no vive en pareja. No necesariamente se trata de personas divorciadas (sólo 9 mil de las 40 que viven solas lo están), sino que gran parte (unas 18 mil) son solteras. Otras 9 mil, en tanto, son viudas, algo que acentúa a medida que avanzan en edad.
Aun así, el incremento de neuquinas a cargo de sus hogares también puede tener explicaciones metodológicas.
“Como un resabio de época anterior, figura como jefe de hogar el hombre (pensando en quien lo sostiene económicamente) cuando por lo menos en la mitad del total de las familias censadas debería figurar “ambos cónyuges”, sostiene Zambon. “El crecimiento numérico de la mujer como jefa de hogar es correlativo con el incremento de las familias monoparentales que, según estadísticas mundiales, se presenta en una relación 9 a 1 a cargo de la mujer frente al hombre”, detalla.
De hecho, según reveló Roxana Cuevas, coordinadora conceptual del censo al matutino Página 12, el concepto de jefe de hogar nace en parte de la propia percepción que el entrevistado tiene sobre su situación. “Si bien nosotros, cuando hicimos el censo, no fuimos con ninguna definición como ser que el jefe era el que ganaba más plata o cosas por el estilo, es cierto que todavía siguen vigentes patrones culturales ancestrales machistas”, sostuvo. Esto permite inferir que la cantidad de jefas de hogar podría ser mucho mayor.

Desfavorecidas


Si bien las mujeres cada vez ocupan más espacios en el mercado laboral, aún siguen rezagadas en comparación a los varones. En Neuquén, la mitad de ellas permanece inactiva, en parte, debido a la desigual distribución de la carga de las actividades domésticas y el cuidado del hogar.
La diferencia entre la tasa de actividad entre ambos sexos es del 28%, siete puntos por debajo del promedio nacional, que es del 35%. La brecha se da no por la presencia de las neuquinas en el mercado laboral (49%), sino por la baja participación de los varones, que alcaza el 68%.
A su vez, son las mujeres de la provincia quienes más padecen la desocupación. La tasa de desempleo es del 9% para ellas, frente a un 5% para los varones.
Los datos surgen de un exhaustivo análisis de la situación de la mujer en el mercado laboral que realizó el Centro de Estudios, Mujeres y Trabajo de la Argentina (Cemyt), que forma parte de la CTA, y que registró la situación entre 2003 y 2009.

Desigualdad


A nivel nacional, existen además varias incidencias particulares del mercado laboral femenino. Las mujeres ganan, en promedio, un 24% menos que los varones en iguales posiciones. La desigualdad de ingresos según género se mantiene sin importar la edad ni el nivel de estudios.
Sólo el 4% de las argentinas que trabajan en empleos remunerados desempeñan cargos directivos. En el caso de los hombres, la cifra se duplica, ya que el 9% de ellos accede a puestos de conducción.

FUENTE: LA MANAÑA DE NEUQUÉN - Por Roberto Aguirre

domingo, 19 de febrero de 2012

Islandia, el mejor país del mundo para ser mujer

 
Guarderías en las universidades para las madres estudiantes, hombres con bajas de paternidad de tres meses, una mujer dirigiendo el país… Otro tipo de sociedad es posible.

Islandia –ese bloque de lava subártico vecino de Groenlandia, conocido por un volcán de nombre impronunciable, una cantante (Björk) tan genial como extravagante y, recientemente, por su desafío a la banca– ha sido elegida por un estudio realizado por la revista Newsweek, como elmejor país del mundo para ser mujer. ¿Razones? Un riguroso índice confeccionado con datos del Foro Económico Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas, que mide el ámbito jurídico, la salud y la educación, así como la participación de la mujer en el ámbito laboral y político, demuestra, con datos objetivos, que las islandesas llevan la ventaja. En esa misma lista España ocupa el puesto 44 (por detrás de países como Albania, China y Trinidad y Tobago). No es Eurovisión, es la calidad de vida de las mujeres, y si los islandeses tienen 100 puntos, los españoles 79.
¿POR QUÉ?
Para empezar, porque tienen el mayor índice de natalidad de Europa, pero también elmayor porcentaje de mujeres trabajando fuera de casa. ¿Cómo es posible? ¿Milagros vikingos? Desde luego, Islandia “is different”. Es el país del mundo donde la gente compra más libros per cápita, el único miembro de la OTAN que no tiene ejército y el agua caliente llega a todas las casas, directamente, desde las cañerías naturales de las entrañas volcánicas. Pero volviendo a la cuestión de género: el año pasado, el Gobierno prohibió que las empresas se lucraran con la desnudez femenina. De este modo, se propinó un fuerte golpe a la industria de la explotación sexual. Declararon ilegales los clubes de striptease, criminalizaron el consumo de prostitución y adoptaron el modelo austriaco con respecto a la violencia doméstica, donde es el perpetrador quien tiene que irse del domicilio familiar, y no al revés. Además, el Foro Económico Mundial lo considera uno de los países con mayor participación femenina en política –el 45%–. De hecho, Islandia eligió a la primera mujer presidenta del mundo (una madre soltera). Fue hace 28 años y ostentó el cargo durante 16. En 1983 se creó el poderoso Wome’s Alliance, un partido feminista que llegó a conseguir seis escaños de los 63 existentes en ese momento. Una de sus miembros, Ingibjörg Sólrún Gísladóttir, fue alcaldesa de Reykjavik hasta 2003 y, en la actualidad, la primera ministra del país es una mujer abiertamente homosexual. Johanna Jingudardottir ocupa su cargo desde 2009 y fue elegida en las elecciones que sucedieron a la bancarrota islandesa. Recientemente, afirmó sentirse muy orgullosa del informe del Newsweek: “No solo en lo que atañe a las mujeres, sino porque la igualdad de género es el mejor indicador de la calidad de una sociedad“. Una de las primeras medidas que tomó fue ampliar el permiso parental, uno de los más avanzados del mundo, ya que en Islandia se conceden tres meses intransferibles a cada progenitor (y nueve más, que se reparten a voluntad).
ENCUENTROS

Estamos a 11 grados bajo cero y todavía es de noche (aunque sea mediodía) en Reikjavik, la capital del “paraíso femenino”. Katrin Juliusdottir, ministra de Industria, Energía y Turismo, nos recibe con un cálida sonrisa en una mañana un tanto desapacible: “Me encanta este clima, ponemos la casa con velas para desayunar y a mis hijos les hace muy felices”, nos comenta mientras nos hace pasar a su despacho. Ella era muy pequeña cuando las calles de la capital de Islandia se llenaron de mujeres reclamando igualdad. Fue el 24 de octubre de 1975, cuando el 90% de las mujeres de Islandia se declararon en huelga para denunciar la desigualdad entre géneros. Esta muestra del poder femenino volvió a repetirse en 2011, cuando una gran marcha inundó las calles de Reykjavik reviviendo el espíritu de las proclamas de 1975. A pesar de la gran tormenta de nieve que ese día golpeaba la isla, más de 50.000 mujeres de todas las clases sociales (un tercio de la población de islandesas) se lanzaron a la calle para reclamar la igualdad salarial y el fin de la violencia de género. Aquella histórica marcha del 75, de la que formó parte la madre de la ministra, cambió el rumbo de la isla e “hizo tomar conciencia de la necesidad de una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, –afirma Katrin–. Hoy contamos con guarderías junto a las universidades para que las mujeres que lo deseen puedan continuar sus carreras universitarias sin que tener un hijo sea un problema. Yo misma llegué a mi posición política siendo madre soltera y creo que es muy importante que la maternidad no signifique tener que elegir entre tu vida profesional o tener hijos”. Hoy, la ministra de Energía espera gemelos, pero tuvo su primer hijo a los 24 y lo crió sola mientras se construía una carrera política.
En una universidad española, una alumna embarazada es poco frecuente; en Islandia, no solo es habitual ver en la cafetería a chicas embarazadas, sino a otras amamantando y todos los bebés son bienvenidos. Lo sabe Stella Olafsdottir, que nos espera en la Universidad de Reikjavik. Entre los verdes campos y los edificios de diseño minimalista de las facultades se encuentran tres edificios que funcionan como guarderías para los niños de los estudiantes. Ella es antropóloga y también profesora infantil. “Los 64 niños que cuidamos son hijos de estudiantes de la universidad”, nos comenta mientras un enjambre de pequeños niños rubios se sienta a la mesa entre risas y juegos. “En la guardería les damos de desayunar y de comer con un coste para los estudiantes de 62 € al mes y de 125 € para los trabajadores”.
Al preguntarle su opinión sobre el paraíso islandés, sonríe: “Tenemos muchos beneficios que otras mujeres no poseen, pero debemos seguir luchando”. Suena el timbre del fin de las clases y Stella se va a toda velocidad: “Tengo que recoger a mi pequeño, que también está en la guardería. Mi pareja es diseñador gráfico y ahora está en clase, así que hoy voy yo a buscarlo”. El papel de los hombres en esta sociedad también ha cambiado, “ellos han tomado conciencia de lo hermosa que es la paternidad”, afirma Hrefna Rosa, la única mujer, que a sus 31 años, es dueña (y chef) de dos de los restaurantes más ‘in’ de la ciudad. “Muchas de mis amigas que son madres trabajan y sus parejas están en casa cuidando de los niños. Lejos de considerarlo algo malo, ellos están felices con su paternidad”, señala Hrefna. El mejor ejemplo es ella misma:Herfna tiene un bebé y es su pareja la que se ocupa la mayor parte del tiempo de él.
En uno de los elegantes cafés del centro de la ciudad nos encontramos con la escritora Audur Ava Olafsdottir. Desde que su novela ‘Rosa Cándida’ (Ed. Alfaguara) ha sido traducida al castellano, ha crecido su popularidad entre los lectores españoles. Ella está de acuerdo con Hrefna. “Islandia es un paraíso también para los hombres porque ellos son padres y todos estos derechos sociales son buenos para ambos”, explica, mientras observa la vida pasar desde la cristalera del café.
En su última novela el protagonista es un hombre muy joven que descubre la paternidad por accidente. Audur cree que “si los padres descubren que ser padre es, realmente, un privilegio, el mundo entero cambiará”. Hoy en las calles de Islandia, es habitual ver a grupos de hombres paseando con sus hijos y cuidando de ellos.

LAS SOMBRAS

Birgitta Jonsdottir coincide con Katrin en la búsqueda de la igualdad: “Somos un modelo experimental para el mundo y hemos avanzado mucho tras la enorme crisis financiera en la que el papel de la mujer se ha visto reforzado, pero no podemos perder de vista la clave de una sociedad: que realmente sea igualitaria”.
Pero en todo paraíso siempre hay problemas y las islandesas son muy conscientes de ellos. “Para avanzar hay que ser críticos. Aún existe una desigualdad salarial importante entre hombres y mujeres, en muchos casos del 10%, y nos preocupa la violencia de género“, añade Katrin, mientras repasa las estadísticas sobre abusos sexuales. En la asociación sin ánimo de lucro Stigamot conocen muy de cerca este drama. “En Islandia, entre un 10 y un 20% de mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual”, afirma Steinunn Gudjonsdottir, director del proyecto del refugio que coordina la Asociación para víctimas de violencia. “Estamos lejos de la igualdad de género. Hemos avanzado mucho, pero no es suficiente”, concluye con gesto firme esta islandesa de 29 años. La ONG de la que forma parte lucha desde hace dos décadas para hacer visibles, entre otras, lacras como la violencia doméstica, el incesto y las violaciones llevadas a cabo dentro de unidad familiar o por amigos cercanos.
Por fin comienza a ‘amanecer’ (cerca de la una de la tarde, mientras el sol brilla en Madrid) y Katrin, en su despacho del ministerio, esboza una sonrisa mientras acaricia su tripa de embarazada: “Lo mejor de ser mujer en Islandia es que puedes ser tú misma. Tengo la libertad de seguir eligiendo mis propios sueños”. Y no es una suerte, aquí ellas se lo han ganado.
Fuente: http://www.hoymujer.com/Hoy/Trabajo/Islandia-paraiso-para-mujeres-662907012012.html

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Capitalismo y patriarcado: la doble desigualdad de la mujer

Evelyn Martínez*
Martes 9 de agosto de 2011, por Revista Pueblos
Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” .

A partir de entonces, la esfera de lo reproductivo pasó a ocupar un segundo plano, después pasó a institucionalizarse mediante la costumbre, la religión y las leyes, que le asignaban la “superioridad” a lo masculino sobre lo femenino. Las desigualdades de género, como vemos, se han ido reproduciendo, desde entonces hasta la fecha, por imposición social, lo que conlleva a que actualmente pervivan grandes desigualdades económicas entre hombres y mujeres.
¿Cómo se refuerzan mutuamente capitalismo y patriarcado? Hay que recordar que el capitalismo es un sistema económico basado en relaciones de explotación y de expoliación cuyo objetivo es la búsqueda de la mayor ganancia posible a través de la reducción progresiva de costos. El patriarcado es una forma de organización política, social, económica, ideológica y religiosa basada en la idea de la autoridad y superioridad de lo masculino sobre lo femenino, fundamentada ridículamente en mitos y que se reproduce a través de la socialización de género [1].
El capitalismo y el patriarcado les niegan a las mujeres tener acceso y control sobre los recursos económicos internos y externos (acceso y control), permiten que se mantenga invisibilizado el aporte del trabajo doméstico o reproductivo en los agregados macroeconómicos. Bajo estas condiciones, las mujeres son explotadas y expoliadas, al igual que los hombres bajo el sistema capitalista; pero con un impacto diferenciado.
El trabajo doméstico y del cuidado permite mantener las condiciones de explotación y de sobreexplotación de la fuerza de trabajo en nuestro país, puesto que genera y transfiere valor, aunque no pase por el mercado como el trabajo asalariado. Considerando que el valor de la fuerza de trabajo se mide por la suma en dinero que asegura cubrir los medios de vida que garanticen su reproducción, datos calculados por el PNUD para 2008 indicaban que el salario promedio de los y las trabajadoras salvadoreñas que tenían empleo decente, como indicador indirecto para conocer cuál debería ser el valor monetario con el cual se lograría reproducir la fuerza de trabajo, era de $553.50 [2], mientras que el promedio nacional de salarios era de $ 247.4.
¿Cómo se pueden mantener los salarios promedios por debajo del valor de la fuerza de trabajo? La producción de bienes y servicios para el autoconsumo del hogar es uno de los principales factores que permiten que una parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo de las familias, que no cubren los bajos salarios que pagan las empresas capitalistas, sea cubierto por la producción doméstica, y esto permite mantener las altas tasas de ganancia del sector capitalista. Según el mismo informe del PNUD, el 89% del trabajo reproductivo, es realizado por mujeres y sólo el 11%, por hombres. El trabajo reproductivo no remunerado se convierte en un instrumento indirecto de la valorización de capital.
En los últimos diez años se han mantenido las desigualdades en cuanto al acceso y control de recursos económicos que permitan la autonomía económica de las mujeres; por ejemplo, los hombres tienen más acceso al trabajo remunerado que las mujeres debido a que las mujeres son las que mayormente asumen las responsabilidades domésticas, en cuanto al acceso a propiedad de empresas existe una brecha muy marcada entre hombres y mujeres. El modelo neoliberal, a través de los ajustes fiscales y la reducción del gasto social, ha provocado que la carga del trabajo doméstico se incremente, puesto que la reducción del gasto social se traduce en eliminación o “focalización” de subsidios, escasez de medicamentos, reducción de los servicios sociales públicos, lo que contribuye a que se dediquen más horas de trabajo no remunerado a los cuidados de personas adultas, niñez, y discapacitados. Los impactos ocasionados por los programas de ajuste no han sido neutrales con respecto al género.
No sólo se trata de “incluir a las mujeres” en las cuentas y en los indicadores de las estadísticas nacionales, sino más bien de cambiar la lógica del funcionamiento del sistema económico, cambiar la lógica de la acumulación por la lógica del mantenimiento de la vida, en todas sus formas.
En relación a la nueva lógica, existen dos corrientes que abordan el tema de género de acuerdo al grado de ruptura con paradigmas androcéntricos, que proponen una nueva redefinición de la economía tanto en lo relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos, éstas son la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura [3]. La economía feminista de la conciliación pretende redefinir los conceptos fundacionales de la economía y trabajo, recuperando el conjunto de actividades femeninas invisibilizadas-condensadas en el trabajo doméstico-y conjuga esta recuperación con los conceptos previos: se redefine el concepto de trabajo, se trata de medir el trabajo domestico, se visibilizan las relaciones de género de desigualdad (diferencias entre el trabajo de mercado y trabajo doméstico entre hombres y mujeres).
La economía feminista de la ruptura pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida, explora las consecuencias de esto en el cuestionamiento de todas las concepciones conceptuales y metodológicas previas y, por otro, atender no sólo a las diferencias entre hombres y mujeres, sino a las relaciones de poder entres las propias mujeres.
Para la economía feminista de la ruptura la producción y reproducción no tienen el mismo valor per se, sino en la medida en que colaboren o impidan el mantenimiento de la vida. Sostiene que las necesidades humanas son a la vez necesidades de bienes y servicios como también de afectos y relaciones, las facetas material e inmaterial deberían de entenderse conjuntamente.
El paradigma alternativo que trata de construir la economía feminista de la conciliación y de la ruptura también debe de incluir el aspecto de la ecología en el análisis del proceso de producción y de reproducción, ya que también es preciso tenerlo presente en el análisis de la sostenibilidad de la vida. Bajo la crisis actual a la que nos ha llevado el capitalismo y que no sólo es económica sino también ecológica, social y política; es necesario integrar dentro de los paradigmas teóricos de la economía tanto la igualdad de género como el principio de la sustentabilidad ambiental en los procesos de producción y consumo. En ese sentido, la economía, como propone la teoría feminista de la ruptura, debe no sólo preocuparse por la reproducción de la vida humana sino también de la reproducción de la vida en todas sus formas. ___ *Evelyn Martínez

Notas

[1] El proceso de socialización de género se refiere al proceso mediante el cual se le atribuyen una serie de estereotipos, roles y normas a hombre y mujeres, permite hacer que parezca natural la desigualdad y la discriminación contra las mujeres. Ver: Martínez, Julia Evelin, Patriarcado para principiantes, Contrapunto, 2011, en: http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/patriarcado-para-principiantes.
[2] PNUD. Informe de Desarrollo Humano 2007-2008. El Empleo en uno de los pueblos más trabajadores del mundo. PNUD. 2009.
[3] Pérez Orozco, Amaia. “Economía del Género y Economía Feminista ¿Conciliación o ruptura?” En: Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 10, Nº 24. Caracas, Venezuela. 2005.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las otras...las invisibilizadas

Por Marta Dillon

Pepa Gaitán tenía 27 años cuando recibió un tiro de escopeta que le destrozó el pecho. El hombre que disparó no pronunció ni una sola palabra antes del disparo, el arma que usó estaba a mano, él mismo la había dejado en un lugar visible después de haberla pedido prestada a un vecino, como si ese caño de metal le diera la seguridad suficiente para amenazar a su víctima como lo venía haciendo desde hacía semanas. Pepa era lesbiana, una lesbiana masculina que se reconocía en ese apodo y no en el nombre que figuraba en su documento, el mismo nombre con el que se insiste en llamarla ahora que sólo se puede apelar a la memoria de una vida corta e intensa, con partidos de fútbol jugados con los niños y niñas de su barrio como la mejor forma de contenerlos, con la pasión por las motos, con la admiración por su padre tatuada en la piel de más de una manera, con el amor por las mujeres repartido en varias parejas que aun después de dejar de serlo no podían más que confesarse enamoradas de ese “gordo” querendón, con algo de adolescente y algo más de ese estereotipo protector que se supone tienen que encarnar ciertos machos. El hombre que terminó con la vida de Pepa fue condenado este año a 14 años de prisión. En su alegato, Natalia Millisenda, abogada querellante representante de la madre de Pepa, demostró que en su homicidio habían tallado el odio, la lesbofobia. El final de Pepa estuvo atado a su orientación sexual y también a una identidad de género confusa para la mayoría, que tomaba para sí lo que quería tanto de la feminidad como de la masculinidad. El tribunal que juzgó al asesino, Daniel Torres, no consideró probada la lesbofobia. De todos modos, el Código Penal argentino no reconoce como agravante la discriminación por orientación sexual o identidad de género. Sí reconoció en cambio la violencia de género. En los fundamentos tomaron el argumento del fiscal que, tal vez amparado por leyes vigentes, se hizo cargo de la vulnerabilidad de la Pepa, la vulnerabilidad que significa haber nacido mujer. El crimen de la Pepa no entra en los registros de femicidio pero no se la puede obviar a la hora de pensar una fecha como el 25 de noviembre. Porque su vida y su muerte están atados a esa máquina de violencia que significa el género, la jerarquía entre los géneros, la corset que nos sujeta a todxs a pensar el mundo dividido en dos. Quien no encaja será invisible, su condena será habitar los bordes de la exclusión, su vida valdrá menos, el relato de su vida valdrá menos aún, confinado a las reinterpretaciones que haga la ley y el orden social, leyendo no entre líneas sino a través de la imposición de un sistema que aplica cruces en dos únicos casilleros: hombre o mujer.

La muerte de La Moma, la travesti platense asesinada en La Plata en octubre pasado, tampoco cuenta en las cifras informales que intentan dar dimensión a la violencia de género. Carolina González Abbat no sólo perdió su vida en el momento en que la asfixiaron, la apuñalaron, la golpearon. También perdió su nombre, su identidad, el relato que para sí misma había construido tejiendo lazos sociales y solidarios con otras mujeres trans obligadas por la exclusión a la prostitución, a la falta de trabajo, de educación, de atención a la salud. Para dar cuenta de su muerte se buceó en los papeles, esos que hablan de alguien que ella no era. Se la transformó en usurpadora de su propia identidad, como si expresar su género con el riesgo que implica cuando no hay atención integral para la salud fuera un mero disfraz, una coartada para pararse en la zona roja. Como si pararse en la zona roja no fuera esa cloaca adonde se supone que deben quedar esas identidades devaluadas. Tan devaluadas que la muerte precoz y violenta se impone como una consecuencia lógica, suficiente incluso para quienes debían investigar quién terminó con su vida y se conforman con saber que así suelen terminar las travestis.

La historia de Pepa, como la de Carolina, actúan, igual que los femicidios que sí se cuentan aunque no con datos oficiales, como disciplinadores para el resto. La libertad de ser quien una o uno o unx es se paga. El desafío al orden de género se paga. Elegir el deseo por sobre otras imposiciones, se paga. No se puede hablar de violencia de género sin mencionar estas historias que hablan de muchas otras. Las de las otras, las invisibles.

28/11/11 Suplemento Las 12, Página|12

sábado, 19 de noviembre de 2011

Otros cuerpos donde se dirime la violencia

Las mujeres no son las únicas víctimas de la violencia machista. Los chicos también lo son. El asesinato de Tomás pone sobre el tapete cantidad de casos semejantes. Las opiniones de Eva Giberti y Ada Beatriz Rico.

 Por Mariana Carbajal
El asesinato de Tomás Damero Santillán puso en evidencia un escalofriante número de casos (ver aparte) en los que los niños terminan siendo una víctima más de la violencia de género en el país. “Te voy a pegar donde más te duele”, la habría amenazado a Susana Santillán su ex, Adalberto Raúl Cuello, detenido como principal sospechoso e imputado por el homicidio. Aunque aún no está probada su culpabilidad, el caso genera gran conmoción. Pero existen otros donde una ex pareja se venga en medio de una separación, ultimando a sus hijos. Es más frecuente que sea el propio padre de las criaturas. Al menos otros 16 chicos y chicas –de entre tres meses y doce años– resultaron muertos como consecuencia de la violencia machista en el último año en el país, de acuerdo con el relevamiento que lleva adelante el Observatorio de Femicidios en Argentina, de la ONG La Casa del Encuentro. Cinco de ellos fueron asesinados por la ex pareja de su madre. “El varón agresor lo que quiere es destruir física o psíquicamente a esa mujer, que considera de su propiedad. Pareciera que las mujeres no pueden decidir sobre sus vidas. Cuando deciden separarse, reciben el peor castigo”, señaló Ada Beatriz Rico, directora general del observatorio. “Es lo mismo que cuando las incendian. En este caso (a la mamá de Tomás) la ha incendiado por dentro”, graficó Eva Giberti, titular del Programa Las Víctimas contra las Violencias, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
“¿Sabe lo que significa para una mujer la culpa en un caso como éste? Ella queda viva. Pero ¿con qué preguntas? Muchas de esas mamás, cuyos hijos son asesinados por sus ex, terminan con problemas psicológicos, internadas. Estamos haciendo un seguimiento. Cuántas de ellas se preguntan qué hubiera pasado si no se separaban. Es terrible”, añadió Rico, al ser consultada por este diario. Cofundadora de La Casa del Encuentro, Rico reclamó campañas masivas y permanentes de concientización sobre la violencia de género para poder prevenirla. “Generalmente se limitan a dos fechas en el año: el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y el 25 de noviembre, Día de la No Violencia hacia las Mujeres.” Además, “debería existir un 0800 a nivel nacional que brinde orientación a las mujeres sobre dónde pueden pedir ayuda cerca de donde viven”, agregó.
El asesinato de Tomás tiene algún punto de encuentro con el de Candela Sol Rodríguez, ocurrido en agosto: en ambos casos, el cuerpo de los niños se convierte en campo de batalla de disputas entre adultos. Pero el caso del homicidio de Tomás viene a poner sobre el tapete la cantidad de asesinatos de niños signados por la violencia machista contra la mujer.
“Los agresores son personas comunes. No son monstruos. Mi tesis es que la crueldad de los sujetos se está incrementando en la medida en que adquieren conciencia (de sus derechos) las mujeres. Lo que infiero y sospecho es que (Cuello) tenía en mente hace rato el asesinato del nene. Fue un delito con alevosía y premeditación. Es muy llamativo el video que colgó en Internet donde se muestra dando de comer a su hijo de pocos meses. Es muy raro que un hombre se filme en esa situación. Además, está la amenaza: ‘Te voy a pegar donde más te duele’”, analizó Giberti, como ejemplo de cómo los niños pasan a ser considerados una extensión sensible de la propia madre, donde golpear para hacerle daño a ella. La experta observó, además, la situación paradójica en que quedó Susana Santillán en relación con la maternidad del hijo de siete meses que tuvo con Cuello. Puede ser el hijo del asesino de su otro hijo.
El relevamiento de femicidios que lleva La Casa del Encuentro a partir de los casos publicados en medios de todo el país incluye también a otras víctimas de violencia sexista. En la categoría “femicidios vinculados” ubican los asesinatos de niñas y niños, la mayoría de ellos hijos de la víctima, que también resultan asesinados en el marco de la violencia de género. A lo largo de 2011 registraron 16 homicidios de chicas y chicos, con edades que oscilan entre tres meses y doce años. “El fin del femicida es matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce dominación. Y en esa búsqueda matan a personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer”, indicó Rico. La lista es escalofriante.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Fanny Edelman, una enamorada de la revolución


Secretaría de Política Internacional del PCE / 01 nov 11
Jorge Grela

Esta mañana falleció en Buenos Aires, Argentina, Fanny Edelman. Miembro del Socorro Rojo Internacional, Brigadista Internacional en la Guerra Civil Española y responsable de la Campaña de Invierno de 1938 promovida por Antonio Machado. Fue Secretaria General de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, impulsora del Año Internacional de la Mujer y del encuentro de Naciones Unidas en Nairobi en 1975.

Destacada luchadora por los derechos humanos, en plena dictadura militar argentina (1976-1983) presentó 200 testimonios de familiares de víctimas de la dictadura genocida ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra en el año 1978. Designada Ciudadana Destacada de la ciudad de Buenos Aires por su contribución a los Derechos Humanos, también ha recibido la Ciudadanía española en reconocimiento a su contribución solidaria. Continuó en temas de mujer y solidaridad internacional, sobre todo con Cuba. Autora de obras como “Feminismo y Marxismo”, planteaba que había que lograr transformar la condición de la mujer dentro de la transformación de la sociedad

De carácter humilde, intentaba rechazar con una sonrisa los merecidos homenajes que se le realizaron. Se definía como una Rebelde Militante. Fanny Edelman había nacido en Argentina un 27 de febrero de 1911, miembro del Partido Comunista desde 1934, el recorrido por su vida es el recorrido por las luchas obreras y populares desde entonces. A sus 100 años, mantenía la actividad ejerciendo como presidenta del Partido Comunista Argentino y participando en actividades solidarias con Cuba y su Revolución.

jueves, 9 de junio de 2011

La prostitución ¿forma de violencia contra las mujeres o trabajo?

La cuestión acerca de si la prostitución es una forma de violencia hacia las mujeres o un trabajo aún no ha sido saldada y tal vez no pueda serlo. Como en otros tantos temas, en momentos de aceptación cada vez mayor de las diversidades, no hay un discurso único que pueda considerarse revelador de 'la verdad'. Todavía la discusión sigue vigente.

Las actoras:'las mujeres en prostitución' y las 'trabajadoras sexuales' se identifican a sí mismas desde lugares distintos. Desde diversos sectores del feminismo, el movimiento de mujeres, la Academia, los Organismos Internacionales, las mujeres políticas, se sostienen ambas posiciones de manera irreconciliable. ¿Cómo es que las mismas personas, las mismas organizaciones que defienden el derecho a la diversidad, a la definición de la propia identidad pretenden imponer el discurso único en este tema?
La Argentina adoptó el sistema abolicionista que pretende poner fin a la prostitución. En 1949 la corriente abolicionista se plasma jurídicamente en la Convención contra la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena.
Sostiene que debe penalizarse a proxenetas, rufianes, y a quienes lucran con la prostitución ajena, pero no a quienes la ejercen. Prohíbe la existencia de prostíbulos.
Pero en la práctica no se cumple. Los prostíbulos y sus variantes: whiskerías, cabarets, casas de masajes, son una realidad amparada por la connivencia policial, judicial y política.
Desde la Coalición Against Trafficking Women (CATW) se plantea que no debe hacerse diferencia entre prostitución y trata, como si toda mujer en prostitución estuviera de alguna manera secuestrada.
Algunas abolicionistas toman el ejemplo de Suecia que desde 1999 penaliza al cliente de prostitución o prostituyente con multas y hasta cárcel, como un sistema para implementar en nuestro país.AMMAR Capital sostiene la postura abolicionista. Consideran que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres.Por otro lado la corriente reglamentarista legaliza a los proxenetas, la instalación de prostíbulos, somete a quienes la ejercen a controles sanitarios y administrativos y legitima a los clientes-prostituyentes. Hace una clara distinción entre prostitución y trata. Está en vigencia en Holanda y en Alemania.
En nuestro país la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas AMMAR, sindicato de trabajadoras sexuales, sostiene que la prostitución es un trabajo elegido libremente, aunque no lo fomenten, pero
sí lo consideran una salida a situaciones de pobreza.
Adhiero a los planteos abolicionistas. Considero la prostitución como una violación a los derechos humanos de las mujeres porque es violencia, subordinación y opresión. Implica la mercantilización del cuerpo y de la subjetividad de las mujeres en la sociedad capitalista y patriarcal en que vivimos.

Sin embargo, en esta modernidad líquida en la que estamos viviendo no sólo el cuerpo de las mujeres está mercantilizado.

Zygmunt Bauman nos habla de los blogs en Internet:'de la descarada sinceridad y franqueza con la que se exhibían en público las experiencias más privadas y las aventuras más íntimas, sinceridad que, traducida en términos contundentes, podríamos hablar de intenso fervor y de evidente desinhibición a la hora de ponerse uno mismo (o, cuanto menos, ciertas partes o aspectos de la propia persona) a la venta en el mercado'*

En esta sociedad de consumidores se ha confundido la libertad personal con la adquisición de las ofertas del mercado. Y esto afecta a todas y todos. Aunque seguramente afecte menos a aquellxs que han quedado fuera del mercado lxs excluidos, aquellxs a lxs que sólo les queda la prostitución para sobrevivir.
Pero entonces ¿sólo la subjetividad de las mujeres pobres está mercantilizada?
Las mujeres que teorizamos, asistimos a Congresos, legislamos, damos clases en las Universidades, no estamos en situación de prostitución.
Pienso que más allá de la posición a la que adhiramos, debemos crear las condiciones para que todas las protagonistas puedan hablar.
No somos las que 'sabemos' por ellas. La idea de ser agentes de la 'conciencia 'y del discurso nos ponen en el lugar del poder. Debemos luchar contra las formas de poder que se manifiestan en el orden del 'saber', de la 'verdad', de la 'conciencia'.

Las personas concernidas deben poder hablar por su cuenta. Las que acuerden con nosotras y las que no.

Por estar convencidas de que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres no podemos violentar a las que piensan distinto imponiéndoles un discurso único que no admita la diversidad..
Se deben implementar políticas públicas, sobre todo políticas de empleo genuino, de vivienda, para aquellas mujeres que quieran dejar la prostitución.
Y con respecto a los clientes –prostituyentes, no comparto la creación de nuevas figuras penales, el poder punitivo para resolver problemáticas sociales y culturales, más gente en las cárceles.

Sí podrían encararse campañas dirigidas tanto a los adolescentes como a los adultos, incluir el tema dentro de la Educación Sexual en las escuelas, desalentando el consumo de prostitución con los argumentos de que se puede estar violentando a una mujer en situación de trata o de explotación sexual que no puede elegir y que por otra parte las relaciones sexuales no mercantiles, deseadas por ambos, donde intervengan la ternura, el compañerismo y otros sentimientos pueden ser mucho más placenteras; que el consumo de prostitución es una forma devaluada y degradada del ejercicio de la sexualidad.

Fuente: Artemisa Noticias/ Por Ana Lía Glas

domingo, 3 de abril de 2011

NUEVA LEY NACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES


En el marco de la continuidad de la Campaña “Otra Vida es Posible. Tenemos Derecho a una Vida sin Violencia”, se presentó el pasado viernes la Campaña de Difusión y Sensibilización de la Ley Nacional 26.485.