La cenicienta que no quería comer perdices!

domingo, 19 de febrero de 2012

Islandia, el mejor país del mundo para ser mujer

 
Guarderías en las universidades para las madres estudiantes, hombres con bajas de paternidad de tres meses, una mujer dirigiendo el país… Otro tipo de sociedad es posible.

Islandia –ese bloque de lava subártico vecino de Groenlandia, conocido por un volcán de nombre impronunciable, una cantante (Björk) tan genial como extravagante y, recientemente, por su desafío a la banca– ha sido elegida por un estudio realizado por la revista Newsweek, como elmejor país del mundo para ser mujer. ¿Razones? Un riguroso índice confeccionado con datos del Foro Económico Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas, que mide el ámbito jurídico, la salud y la educación, así como la participación de la mujer en el ámbito laboral y político, demuestra, con datos objetivos, que las islandesas llevan la ventaja. En esa misma lista España ocupa el puesto 44 (por detrás de países como Albania, China y Trinidad y Tobago). No es Eurovisión, es la calidad de vida de las mujeres, y si los islandeses tienen 100 puntos, los españoles 79.
¿POR QUÉ?
Para empezar, porque tienen el mayor índice de natalidad de Europa, pero también elmayor porcentaje de mujeres trabajando fuera de casa. ¿Cómo es posible? ¿Milagros vikingos? Desde luego, Islandia “is different”. Es el país del mundo donde la gente compra más libros per cápita, el único miembro de la OTAN que no tiene ejército y el agua caliente llega a todas las casas, directamente, desde las cañerías naturales de las entrañas volcánicas. Pero volviendo a la cuestión de género: el año pasado, el Gobierno prohibió que las empresas se lucraran con la desnudez femenina. De este modo, se propinó un fuerte golpe a la industria de la explotación sexual. Declararon ilegales los clubes de striptease, criminalizaron el consumo de prostitución y adoptaron el modelo austriaco con respecto a la violencia doméstica, donde es el perpetrador quien tiene que irse del domicilio familiar, y no al revés. Además, el Foro Económico Mundial lo considera uno de los países con mayor participación femenina en política –el 45%–. De hecho, Islandia eligió a la primera mujer presidenta del mundo (una madre soltera). Fue hace 28 años y ostentó el cargo durante 16. En 1983 se creó el poderoso Wome’s Alliance, un partido feminista que llegó a conseguir seis escaños de los 63 existentes en ese momento. Una de sus miembros, Ingibjörg Sólrún Gísladóttir, fue alcaldesa de Reykjavik hasta 2003 y, en la actualidad, la primera ministra del país es una mujer abiertamente homosexual. Johanna Jingudardottir ocupa su cargo desde 2009 y fue elegida en las elecciones que sucedieron a la bancarrota islandesa. Recientemente, afirmó sentirse muy orgullosa del informe del Newsweek: “No solo en lo que atañe a las mujeres, sino porque la igualdad de género es el mejor indicador de la calidad de una sociedad“. Una de las primeras medidas que tomó fue ampliar el permiso parental, uno de los más avanzados del mundo, ya que en Islandia se conceden tres meses intransferibles a cada progenitor (y nueve más, que se reparten a voluntad).
ENCUENTROS

Estamos a 11 grados bajo cero y todavía es de noche (aunque sea mediodía) en Reikjavik, la capital del “paraíso femenino”. Katrin Juliusdottir, ministra de Industria, Energía y Turismo, nos recibe con un cálida sonrisa en una mañana un tanto desapacible: “Me encanta este clima, ponemos la casa con velas para desayunar y a mis hijos les hace muy felices”, nos comenta mientras nos hace pasar a su despacho. Ella era muy pequeña cuando las calles de la capital de Islandia se llenaron de mujeres reclamando igualdad. Fue el 24 de octubre de 1975, cuando el 90% de las mujeres de Islandia se declararon en huelga para denunciar la desigualdad entre géneros. Esta muestra del poder femenino volvió a repetirse en 2011, cuando una gran marcha inundó las calles de Reykjavik reviviendo el espíritu de las proclamas de 1975. A pesar de la gran tormenta de nieve que ese día golpeaba la isla, más de 50.000 mujeres de todas las clases sociales (un tercio de la población de islandesas) se lanzaron a la calle para reclamar la igualdad salarial y el fin de la violencia de género. Aquella histórica marcha del 75, de la que formó parte la madre de la ministra, cambió el rumbo de la isla e “hizo tomar conciencia de la necesidad de una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, –afirma Katrin–. Hoy contamos con guarderías junto a las universidades para que las mujeres que lo deseen puedan continuar sus carreras universitarias sin que tener un hijo sea un problema. Yo misma llegué a mi posición política siendo madre soltera y creo que es muy importante que la maternidad no signifique tener que elegir entre tu vida profesional o tener hijos”. Hoy, la ministra de Energía espera gemelos, pero tuvo su primer hijo a los 24 y lo crió sola mientras se construía una carrera política.
En una universidad española, una alumna embarazada es poco frecuente; en Islandia, no solo es habitual ver en la cafetería a chicas embarazadas, sino a otras amamantando y todos los bebés son bienvenidos. Lo sabe Stella Olafsdottir, que nos espera en la Universidad de Reikjavik. Entre los verdes campos y los edificios de diseño minimalista de las facultades se encuentran tres edificios que funcionan como guarderías para los niños de los estudiantes. Ella es antropóloga y también profesora infantil. “Los 64 niños que cuidamos son hijos de estudiantes de la universidad”, nos comenta mientras un enjambre de pequeños niños rubios se sienta a la mesa entre risas y juegos. “En la guardería les damos de desayunar y de comer con un coste para los estudiantes de 62 € al mes y de 125 € para los trabajadores”.
Al preguntarle su opinión sobre el paraíso islandés, sonríe: “Tenemos muchos beneficios que otras mujeres no poseen, pero debemos seguir luchando”. Suena el timbre del fin de las clases y Stella se va a toda velocidad: “Tengo que recoger a mi pequeño, que también está en la guardería. Mi pareja es diseñador gráfico y ahora está en clase, así que hoy voy yo a buscarlo”. El papel de los hombres en esta sociedad también ha cambiado, “ellos han tomado conciencia de lo hermosa que es la paternidad”, afirma Hrefna Rosa, la única mujer, que a sus 31 años, es dueña (y chef) de dos de los restaurantes más ‘in’ de la ciudad. “Muchas de mis amigas que son madres trabajan y sus parejas están en casa cuidando de los niños. Lejos de considerarlo algo malo, ellos están felices con su paternidad”, señala Hrefna. El mejor ejemplo es ella misma:Herfna tiene un bebé y es su pareja la que se ocupa la mayor parte del tiempo de él.
En uno de los elegantes cafés del centro de la ciudad nos encontramos con la escritora Audur Ava Olafsdottir. Desde que su novela ‘Rosa Cándida’ (Ed. Alfaguara) ha sido traducida al castellano, ha crecido su popularidad entre los lectores españoles. Ella está de acuerdo con Hrefna. “Islandia es un paraíso también para los hombres porque ellos son padres y todos estos derechos sociales son buenos para ambos”, explica, mientras observa la vida pasar desde la cristalera del café.
En su última novela el protagonista es un hombre muy joven que descubre la paternidad por accidente. Audur cree que “si los padres descubren que ser padre es, realmente, un privilegio, el mundo entero cambiará”. Hoy en las calles de Islandia, es habitual ver a grupos de hombres paseando con sus hijos y cuidando de ellos.

LAS SOMBRAS

Birgitta Jonsdottir coincide con Katrin en la búsqueda de la igualdad: “Somos un modelo experimental para el mundo y hemos avanzado mucho tras la enorme crisis financiera en la que el papel de la mujer se ha visto reforzado, pero no podemos perder de vista la clave de una sociedad: que realmente sea igualitaria”.
Pero en todo paraíso siempre hay problemas y las islandesas son muy conscientes de ellos. “Para avanzar hay que ser críticos. Aún existe una desigualdad salarial importante entre hombres y mujeres, en muchos casos del 10%, y nos preocupa la violencia de género“, añade Katrin, mientras repasa las estadísticas sobre abusos sexuales. En la asociación sin ánimo de lucro Stigamot conocen muy de cerca este drama. “En Islandia, entre un 10 y un 20% de mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual”, afirma Steinunn Gudjonsdottir, director del proyecto del refugio que coordina la Asociación para víctimas de violencia. “Estamos lejos de la igualdad de género. Hemos avanzado mucho, pero no es suficiente”, concluye con gesto firme esta islandesa de 29 años. La ONG de la que forma parte lucha desde hace dos décadas para hacer visibles, entre otras, lacras como la violencia doméstica, el incesto y las violaciones llevadas a cabo dentro de unidad familiar o por amigos cercanos.
Por fin comienza a ‘amanecer’ (cerca de la una de la tarde, mientras el sol brilla en Madrid) y Katrin, en su despacho del ministerio, esboza una sonrisa mientras acaricia su tripa de embarazada: “Lo mejor de ser mujer en Islandia es que puedes ser tú mismaTengo la libertad de seguir eligiendo mis propios sueños”. Y no es una suerte, aquí ellas se lo han ganado.
Fuente: http://www.hoymujer.com/Hoy/Trabajo/Islandia-paraiso-para-mujeres-662907012012.html

miércoles, 11 de enero de 2012

El agresor es un delincuente...



La violencia en el hogar se produce cuando alguien se cree con el poder de abusar de otro u otros, cuando ocasiona un daño físico, psicológico o económico a otro miembro de la familia.





Un interesante artículo del Presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia.

Lo que busca toda violencia es la anulación del otro. Y no necesariamente en términos físicos, sino también la anulación identitaria. Si partiéramos de la base ideal de que una relación entre dos personas es simétrica, la violencia siempre va encaminada a modificar ese equilibrio, a que a través de la fuerza se anule el porcentaje de influencia de la otra persona. En el caso de violencia hacia la mujer se da otro componente importante, que es el de la posesión y que va encaminado a dominar e imponer totalitariamente una serie de parámetros. ¿Por qué? Porque tradicionalmente el hombre ha sido educado en base a la idea de que la mujer, de alguna manera, le pertenece, es inferior o es algo que puede manejar. Los agresores usan ese presupuesto ideológico para justificar la violencia que ejercen.
El agresor, en principio, no es un enfermo pero sí es un delincuente, tal y como están establecidas las leyes.
«Los hijos son receptores de esa violencia aunque no reciban ninguna bofetada»

Los hijos son siempre receptores directos de la violencia aunque no hayan recibido una bofetada, ningún zarandeo, ni una mala respuesta.
De entrada, son espectadores de un clima de estrés, de tensión...
Eso les afecta porque no saben interpretarlo. Se contaminan los procesos de referencia que tiene el niño a la hora de construir su conducta o su propia personalidad. Diría que el efecto traumático puede ser más grave incluso cuando el padre trata con cariño a los hijos de manera clara y luego agrede de manera evidente a la madre.
La sintomatología psicológica en los niños, es similar a la de las madres: estrés postraumático, trastornos de ansiedad, desordenamiento de la conducta. En cuanto a la transmisión intergeneracional del maltrato, existe la posibilidad de que los niños masculinos repitan el patrón del agresor y las niñas el de la víctima, pero es un fenómeno que no se da siempre. Hay una serie de factores de riesgo, y haber sido expuesto a la violencia en la familia de origen es uno de ellos, pero no es determinante. Hay otros factores que son sociales, como cualquier código machista, una educación autoritaria.

Andrés Montero Gómez
Psicólogo
Presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia

lunes, 19 de diciembre de 2011

Eva no quiere....

Eva no quiere ser para Adán
la paridora pagada con pan.
Eva prefiere también parir,
pero después escoger donde ir.
Por eso adquiere un semental
y le da uso sin dudas normal.
Eva cambio la señal.

Eva sale a cazar en celo
Eva sale a buscar semillas
Eva sale y remonta vuelo
Eva deja de ser costilla

Eva no intenta vestir de tul,
Eva no cree en un príncipe azul.
Eva no inventa falso papel
el fruto es suyo con padre o sin él.
Eva se enfrenta al que dirán
firme al timón como buen capitán.."

                          Silvio Rodriguez

martes, 13 de diciembre de 2011

Curso básico de racismo y machismo*

By Eduardo Galeano

Por algo fueron mujeres las víctimas de las cacerías de brujas, y no sólo en los tiempos de la Inquisición. Endemoniadas: espasmos y aullidos, quizá orgasmos, y para colmo de escándalo, orgasmos múltiples. Sólo la posesión de Satán podía explicar tanto fuego prohibido, que por el fuego era castigado. Mandaba Dios que fueran quemadas vivas las pecadoras que ardían. La envidia y el pánico ante el placer femenino no tenían nada de nuevo. Uno de los mitos más antiguos y universales, común a muchas culturas de muchos tiempos y de diversos lugares, es el mito de la vulva dentada, el sexo de la hembra como boca llena de dientes, insaciable boca de piraña que se alimenta de carne de machos. Y en este mundo de hoy, en este fin de siglo, hay ciento veinte millones de mujeres mutiladas del clítoris.
No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas; según los tangos, son todas putas (menos mamá). En los países del sur del mundo, una de cada tres mujeres casadas recibe palizas, como parte de la rutina conyugal, en castigo por lo que ha hecho o por lo que podría hacer:
—Estamos dormidas— dice una obrera del barrio Casavalle de Montevideo. —Algún príncipe te besa y te duerme. Cuando te despertás, el príncipe te aporrea.
Y otra:
Yo tengo el miedo de mi madre, y mi madre tuvo el miedo de mi abuela.
Confirmaciones del derecho de propiedad: el macho propietario comprueba a golpes su derecho de propiedad sobre la hembra, como el macho y la hembra comprueban a golpes su derecho de propiedad sobre los hijos.
Y las violaciones, ¿no son, acaso, ritos que por la violencia celebran ese derecho? El violador no busca, ni encuentra, placer: necesita someter. La violación graba a fuego una marca de propiedad en el anca de la víctima, y es la expresión más brutal del carácter fálico del poder, desde siempre expresado por la flecha, la espada, el fusil, el cañón, el misil y otras erecciones.
*Fragmento
Patas arriba: la escuela del mundo al revés

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Capitalismo y patriarcado: la doble desigualdad de la mujer

Evelyn Martínez*
Martes 9 de agosto de 2011, por Revista Pueblos
Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” .

A partir de entonces, la esfera de lo reproductivo pasó a ocupar un segundo plano, después pasó a institucionalizarse mediante la costumbre, la religión y las leyes, que le asignaban la “superioridad” a lo masculino sobre lo femenino. Las desigualdades de género, como vemos, se han ido reproduciendo, desde entonces hasta la fecha, por imposición social, lo que conlleva a que actualmente pervivan grandes desigualdades económicas entre hombres y mujeres.
¿Cómo se refuerzan mutuamente capitalismo y patriarcado? Hay que recordar que el capitalismo es un sistema económico basado en relaciones de explotación y de expoliación cuyo objetivo es la búsqueda de la mayor ganancia posible a través de la reducción progresiva de costos. El patriarcado es una forma de organización política, social, económica, ideológica y religiosa basada en la idea de la autoridad y superioridad de lo masculino sobre lo femenino, fundamentada ridículamente en mitos y que se reproduce a través de la socialización de género [1].
El capitalismo y el patriarcado les niegan a las mujeres tener acceso y control sobre los recursos económicos internos y externos (acceso y control), permiten que se mantenga invisibilizado el aporte del trabajo doméstico o reproductivo en los agregados macroeconómicos. Bajo estas condiciones, las mujeres son explotadas y expoliadas, al igual que los hombres bajo el sistema capitalista; pero con un impacto diferenciado.
El trabajo doméstico y del cuidado permite mantener las condiciones de explotación y de sobreexplotación de la fuerza de trabajo en nuestro país, puesto que genera y transfiere valor, aunque no pase por el mercado como el trabajo asalariado. Considerando que el valor de la fuerza de trabajo se mide por la suma en dinero que asegura cubrir los medios de vida que garanticen su reproducción, datos calculados por el PNUD para 2008 indicaban que el salario promedio de los y las trabajadoras salvadoreñas que tenían empleo decente, como indicador indirecto para conocer cuál debería ser el valor monetario con el cual se lograría reproducir la fuerza de trabajo, era de $553.50 [2], mientras que el promedio nacional de salarios era de $ 247.4.
¿Cómo se pueden mantener los salarios promedios por debajo del valor de la fuerza de trabajo? La producción de bienes y servicios para el autoconsumo del hogar es uno de los principales factores que permiten que una parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo de las familias, que no cubren los bajos salarios que pagan las empresas capitalistas, sea cubierto por la producción doméstica, y esto permite mantener las altas tasas de ganancia del sector capitalista. Según el mismo informe del PNUD, el 89% del trabajo reproductivo, es realizado por mujeres y sólo el 11%, por hombres. El trabajo reproductivo no remunerado se convierte en un instrumento indirecto de la valorización de capital.
En los últimos diez años se han mantenido las desigualdades en cuanto al acceso y control de recursos económicos que permitan la autonomía económica de las mujeres; por ejemplo, los hombres tienen más acceso al trabajo remunerado que las mujeres debido a que las mujeres son las que mayormente asumen las responsabilidades domésticas, en cuanto al acceso a propiedad de empresas existe una brecha muy marcada entre hombres y mujeres. El modelo neoliberal, a través de los ajustes fiscales y la reducción del gasto social, ha provocado que la carga del trabajo doméstico se incremente, puesto que la reducción del gasto social se traduce en eliminación o “focalización” de subsidios, escasez de medicamentos, reducción de los servicios sociales públicos, lo que contribuye a que se dediquen más horas de trabajo no remunerado a los cuidados de personas adultas, niñez, y discapacitados. Los impactos ocasionados por los programas de ajuste no han sido neutrales con respecto al género.
No sólo se trata de “incluir a las mujeres” en las cuentas y en los indicadores de las estadísticas nacionales, sino más bien de cambiar la lógica del funcionamiento del sistema económico, cambiar la lógica de la acumulación por la lógica del mantenimiento de la vida, en todas sus formas.
En relación a la nueva lógica, existen dos corrientes que abordan el tema de género de acuerdo al grado de ruptura con paradigmas androcéntricos, que proponen una nueva redefinición de la economía tanto en lo relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos, éstas son la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura [3]. La economía feminista de la conciliación pretende redefinir los conceptos fundacionales de la economía y trabajo, recuperando el conjunto de actividades femeninas invisibilizadas-condensadas en el trabajo doméstico-y conjuga esta recuperación con los conceptos previos: se redefine el concepto de trabajo, se trata de medir el trabajo domestico, se visibilizan las relaciones de género de desigualdad (diferencias entre el trabajo de mercado y trabajo doméstico entre hombres y mujeres).
La economía feminista de la ruptura pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida, explora las consecuencias de esto en el cuestionamiento de todas las concepciones conceptuales y metodológicas previas y, por otro, atender no sólo a las diferencias entre hombres y mujeres, sino a las relaciones de poder entres las propias mujeres.
Para la economía feminista de la ruptura la producción y reproducción no tienen el mismo valor per se, sino en la medida en que colaboren o impidan el mantenimiento de la vida. Sostiene que las necesidades humanas son a la vez necesidades de bienes y servicios como también de afectos y relaciones, las facetas material e inmaterial deberían de entenderse conjuntamente.
El paradigma alternativo que trata de construir la economía feminista de la conciliación y de la ruptura también debe de incluir el aspecto de la ecología en el análisis del proceso de producción y de reproducción, ya que también es preciso tenerlo presente en el análisis de la sostenibilidad de la vida. Bajo la crisis actual a la que nos ha llevado el capitalismo y que no sólo es económica sino también ecológica, social y política; es necesario integrar dentro de los paradigmas teóricos de la economía tanto la igualdad de género como el principio de la sustentabilidad ambiental en los procesos de producción y consumo. En ese sentido, la economía, como propone la teoría feminista de la ruptura, debe no sólo preocuparse por la reproducción de la vida humana sino también de la reproducción de la vida en todas sus formas. ___ *Evelyn Martínez

Notas

[1] El proceso de socialización de género se refiere al proceso mediante el cual se le atribuyen una serie de estereotipos, roles y normas a hombre y mujeres, permite hacer que parezca natural la desigualdad y la discriminación contra las mujeres. Ver: Martínez, Julia Evelin, Patriarcado para principiantes, Contrapunto, 2011, en: http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/patriarcado-para-principiantes.
[2] PNUD. Informe de Desarrollo Humano 2007-2008. El Empleo en uno de los pueblos más trabajadores del mundo. PNUD. 2009.
[3] Pérez Orozco, Amaia. “Economía del Género y Economía Feminista ¿Conciliación o ruptura?” En: Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 10, Nº 24. Caracas, Venezuela. 2005.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las otras...las invisibilizadas

Por Marta Dillon

Pepa Gaitán tenía 27 años cuando recibió un tiro de escopeta que le destrozó el pecho. El hombre que disparó no pronunció ni una sola palabra antes del disparo, el arma que usó estaba a mano, él mismo la había dejado en un lugar visible después de haberla pedido prestada a un vecino, como si ese caño de metal le diera la seguridad suficiente para amenazar a su víctima como lo venía haciendo desde hacía semanas. Pepa era lesbiana, una lesbiana masculina que se reconocía en ese apodo y no en el nombre que figuraba en su documento, el mismo nombre con el que se insiste en llamarla ahora que sólo se puede apelar a la memoria de una vida corta e intensa, con partidos de fútbol jugados con los niños y niñas de su barrio como la mejor forma de contenerlos, con la pasión por las motos, con la admiración por su padre tatuada en la piel de más de una manera, con el amor por las mujeres repartido en varias parejas que aun después de dejar de serlo no podían más que confesarse enamoradas de ese “gordo” querendón, con algo de adolescente y algo más de ese estereotipo protector que se supone tienen que encarnar ciertos machos. El hombre que terminó con la vida de Pepa fue condenado este año a 14 años de prisión. En su alegato, Natalia Millisenda, abogada querellante representante de la madre de Pepa, demostró que en su homicidio habían tallado el odio, la lesbofobia. El final de Pepa estuvo atado a su orientación sexual y también a una identidad de género confusa para la mayoría, que tomaba para sí lo que quería tanto de la feminidad como de la masculinidad. El tribunal que juzgó al asesino, Daniel Torres, no consideró probada la lesbofobia. De todos modos, el Código Penal argentino no reconoce como agravante la discriminación por orientación sexual o identidad de género. Sí reconoció en cambio la violencia de género. En los fundamentos tomaron el argumento del fiscal que, tal vez amparado por leyes vigentes, se hizo cargo de la vulnerabilidad de la Pepa, la vulnerabilidad que significa haber nacido mujer. El crimen de la Pepa no entra en los registros de femicidio pero no se la puede obviar a la hora de pensar una fecha como el 25 de noviembre. Porque su vida y su muerte están atados a esa máquina de violencia que significa el género, la jerarquía entre los géneros, la corset que nos sujeta a todxs a pensar el mundo dividido en dos. Quien no encaja será invisible, su condena será habitar los bordes de la exclusión, su vida valdrá menos, el relato de su vida valdrá menos aún, confinado a las reinterpretaciones que haga la ley y el orden social, leyendo no entre líneas sino a través de la imposición de un sistema que aplica cruces en dos únicos casilleros: hombre o mujer.

La muerte de La Moma, la travesti platense asesinada en La Plata en octubre pasado, tampoco cuenta en las cifras informales que intentan dar dimensión a la violencia de género. Carolina González Abbat no sólo perdió su vida en el momento en que la asfixiaron, la apuñalaron, la golpearon. También perdió su nombre, su identidad, el relato que para sí misma había construido tejiendo lazos sociales y solidarios con otras mujeres trans obligadas por la exclusión a la prostitución, a la falta de trabajo, de educación, de atención a la salud. Para dar cuenta de su muerte se buceó en los papeles, esos que hablan de alguien que ella no era. Se la transformó en usurpadora de su propia identidad, como si expresar su género con el riesgo que implica cuando no hay atención integral para la salud fuera un mero disfraz, una coartada para pararse en la zona roja. Como si pararse en la zona roja no fuera esa cloaca adonde se supone que deben quedar esas identidades devaluadas. Tan devaluadas que la muerte precoz y violenta se impone como una consecuencia lógica, suficiente incluso para quienes debían investigar quién terminó con su vida y se conforman con saber que así suelen terminar las travestis.

La historia de Pepa, como la de Carolina, actúan, igual que los femicidios que sí se cuentan aunque no con datos oficiales, como disciplinadores para el resto. La libertad de ser quien una o uno o unx es se paga. El desafío al orden de género se paga. Elegir el deseo por sobre otras imposiciones, se paga. No se puede hablar de violencia de género sin mencionar estas historias que hablan de muchas otras. Las de las otras, las invisibles.

28/11/11 Suplemento Las 12, Página|12

sábado, 19 de noviembre de 2011

Otros cuerpos donde se dirime la violencia

Las mujeres no son las únicas víctimas de la violencia machista. Los chicos también lo son. El asesinato de Tomás pone sobre el tapete cantidad de casos semejantes. Las opiniones de Eva Giberti y Ada Beatriz Rico.

 Por Mariana Carbajal
El asesinato de Tomás Damero Santillán puso en evidencia un escalofriante número de casos (ver aparte) en los que los niños terminan siendo una víctima más de la violencia de género en el país. “Te voy a pegar donde más te duele”, la habría amenazado a Susana Santillán su ex, Adalberto Raúl Cuello, detenido como principal sospechoso e imputado por el homicidio. Aunque aún no está probada su culpabilidad, el caso genera gran conmoción. Pero existen otros donde una ex pareja se venga en medio de una separación, ultimando a sus hijos. Es más frecuente que sea el propio padre de las criaturas. Al menos otros 16 chicos y chicas –de entre tres meses y doce años– resultaron muertos como consecuencia de la violencia machista en el último año en el país, de acuerdo con el relevamiento que lleva adelante el Observatorio de Femicidios en Argentina, de la ONG La Casa del Encuentro. Cinco de ellos fueron asesinados por la ex pareja de su madre. “El varón agresor lo que quiere es destruir física o psíquicamente a esa mujer, que considera de su propiedad. Pareciera que las mujeres no pueden decidir sobre sus vidas. Cuando deciden separarse, reciben el peor castigo”, señaló Ada Beatriz Rico, directora general del observatorio. “Es lo mismo que cuando las incendian. En este caso (a la mamá de Tomás) la ha incendiado por dentro”, graficó Eva Giberti, titular del Programa Las Víctimas contra las Violencias, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
“¿Sabe lo que significa para una mujer la culpa en un caso como éste? Ella queda viva. Pero ¿con qué preguntas? Muchas de esas mamás, cuyos hijos son asesinados por sus ex, terminan con problemas psicológicos, internadas. Estamos haciendo un seguimiento. Cuántas de ellas se preguntan qué hubiera pasado si no se separaban. Es terrible”, añadió Rico, al ser consultada por este diario. Cofundadora de La Casa del Encuentro, Rico reclamó campañas masivas y permanentes de concientización sobre la violencia de género para poder prevenirla. “Generalmente se limitan a dos fechas en el año: el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y el 25 de noviembre, Día de la No Violencia hacia las Mujeres.” Además, “debería existir un 0800 a nivel nacional que brinde orientación a las mujeres sobre dónde pueden pedir ayuda cerca de donde viven”, agregó.
El asesinato de Tomás tiene algún punto de encuentro con el de Candela Sol Rodríguez, ocurrido en agosto: en ambos casos, el cuerpo de los niños se convierte en campo de batalla de disputas entre adultos. Pero el caso del homicidio de Tomás viene a poner sobre el tapete la cantidad de asesinatos de niños signados por la violencia machista contra la mujer.
“Los agresores son personas comunes. No son monstruos. Mi tesis es que la crueldad de los sujetos se está incrementando en la medida en que adquieren conciencia (de sus derechos) las mujeres. Lo que infiero y sospecho es que (Cuello) tenía en mente hace rato el asesinato del nene. Fue un delito con alevosía y premeditación. Es muy llamativo el video que colgó en Internet donde se muestra dando de comer a su hijo de pocos meses. Es muy raro que un hombre se filme en esa situación. Además, está la amenaza: ‘Te voy a pegar donde más te duele’”, analizó Giberti, como ejemplo de cómo los niños pasan a ser considerados una extensión sensible de la propia madre, donde golpear para hacerle daño a ella. La experta observó, además, la situación paradójica en que quedó Susana Santillán en relación con la maternidad del hijo de siete meses que tuvo con Cuello. Puede ser el hijo del asesino de su otro hijo.
El relevamiento de femicidios que lleva La Casa del Encuentro a partir de los casos publicados en medios de todo el país incluye también a otras víctimas de violencia sexista. En la categoría “femicidios vinculados” ubican los asesinatos de niñas y niños, la mayoría de ellos hijos de la víctima, que también resultan asesinados en el marco de la violencia de género. A lo largo de 2011 registraron 16 homicidios de chicas y chicos, con edades que oscilan entre tres meses y doce años. “El fin del femicida es matar, castigar o destruir psíquicamente a la mujer sobre la cual ejerce dominación. Y en esa búsqueda matan a personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer”, indicó Rico. La lista es escalofriante.